Las demandas por mala praxis no suelen comenzar inexorablemente por un aspecto estrictamente médico. Todo el sistema que rodea la atención médica que comienza con una empleada administrativa o enfermera que no cumple correctamente con su función. La satisfacción del paciente debe estar siempre presente en todo tipo de atención.
❶ Primera regla de oro
Conocer cómo trabaja el juez
El médico debe saber, a priori, qué es lo primero que piensa el juez cuando recibe la causa.
Conocer el pensamiento de quien lo va a juzgar es una tremenda ventaja que no se puede desaprovechar.
Veamos el ejemplo ya explicado.
Si una parturienta con contracciones se interna a las 8 de la mañana y el obstetra la ve a las 13 hs. por primera vez, seguramente le llamará poderosamente la atención el retraso.
El juez, como cualquier lego, se da cuenta de que cinco horas sin atención del obstetra es un tiempo exageradamente largo.
Su pensamiento girará alrededor de un hecho de responsabilidad social y solidaria, y ni siquiera prestará atención al cordón umbilical, al sufrimiento fetal, etc. Observará la responsabilidad del médico frente a la sociedad, representada en ese momento por la parturienta.
En este caso ya se tiene perdido el primer round.
❷ Segunda regla de oro
Conocer el estándar de cuidado
El médico también tiene que saber cuáles son los primeros parámetros de medición del juez.
Por dónde comienza el análisis de la causa.
Una vez que tiene a la vista todo el proceso, inexorablemente se va a preguntar qué haría, en el lugar del médico cuestionado, un obstetra común; no un distinguido catedrático en obstetricia o el profesor titular de la especialidad.
Y la primera conclusión que inexorablemente sacará es que ese obstetra común hará algo habitual: irá a ver a la enferma sin tardar cinco horas.
Busca un estándar de cuidado y compara. No pide nada excepcional, sino lo que haría cualquier otro obstetra en su lugar, aunque no sea un distinguido catedrático.
Ya se tiene perdido el segundo round.
❸ Tercera regla de oro
Construir una historia clínica sólida
Es excepcional que el reo describa su propia historia y el juez le crea sin dudar.
Eso pasa con la historia clínica. El médico la construye y el juez, si no existe algún hecho excepcional, da por cierto lo escrito, ya que también supone que existe un respaldo para esa información.
Tal es así que cree que lo que no está escrito no se hizo.
De manera que “la historia clínica puede ser un salvavidas de corcho o de plomo” (R. Saiach). Una historia clínica correcta es la mayor arma probatoria defensiva. Tal vez, la regla de oro más importante en materia de prevención.
Ahora bien, el médico debe saber que el primer contacto indirecto del juez con el médico acusado es a través de la historia clínica.
Si observara el juez una historia clínica poco profesional, incompleta, no objetiva o que no sigue las normas habituales para una buena confección, tendrá una mala impresión del médico cuestionado.
Ya se tiene perdido el tercer round.
❹ Cuarta regla de oro
Respetar el consentimiento informado
Visto esto, buscará el consentimiento informado.
Si bien no tenerlo no significa que ese hecho, por sí mismo, represente una mala praxis, procurará conocer hasta dónde se respetó la autonomía del paciente y si las alternativas no habituales están consignadas, como así también en qué momento el paciente tomó contacto con el documento.
Si supone que fue entregado al paciente minutos antes de entrar en el quirófano, que no tuvo oportunidad de realizar preguntas, o que es incompleto y muy superficial, sin posibilidad de conversarlo con su médico, lo considerará un trámite burocrático más, que no cumple con su misión específica.
Si representa en su mente que lo que está leyendo se parece más a un trámite que a una expresión acabada de la soberanía del paciente, lo considerará incompleto y de deficiente construcción y manejo.
Ya se tiene el cuarto round perdido, sin que todavía se analice nada médico propiamente dicho.
❺ Quinta regla de oro
Mejorar la comunicación
Debe mejorar la comunicación, no solo con el paciente sino también con sus familiares.
Debe comprobar, en todos los casos, si quienes escucharon comprendieron el mensaje. Debe estar seguro de que la información ha sido comprendida; por ello, resulta conveniente hacerla repetir para asegurarse de que todos la entendieron.
Los errores en la comunicación son responsables incluso de malos entendidos, razón por la cual no se duda de que explican gran parte de los juicios contra el médico y las instituciones de salud por comunicaciones imperfectas. Esto se extiende también a los errores de comunicación entre el médico y el personal auxiliar.
Hay estudios estadounidenses que informan que más del 40 % de los pacientes y sus familiares no entienden correctamente el mensaje del médico tratante.
El juez diferenciará el hecho de informar y llegará a la conclusión de que informar no es comunicar.
Si la comunicación es deficiente, tenemos el quinto round perdido, sin que todavía se haya ventilado la cuestión médica.
❻ Sexta regla de oro
Aprender junto a un maestro
De la misma manera que es difícil estudiar la carrera de medicina solamente con apuntes, es complicada la formación médica sin el maestro, quien dará los lineamientos para toda la vida profesional y a quien la inteligencia artificial y los demás adelantos tecnológicos no podrán reemplazar.
Casi todos los grandes maestros hicieron escuela y sus discípulos siguen hablando de ellos aun cuando ya no están entre nosotros.
Son indispensables para la formación médica, que constituye un aspecto vital en la prevención que guía estos escritos.
Al no tenerlo o no valorar la necesidad del mismo, podemos decir:
En algo tan complicado como una demanda, no podemos darnos el lujo de perder un solo round.