En todo momento debemos evitar expresiones innecesarias que, lejos de contribuir a una mejor defensa, pueden perjudicar al profesional. La prudencia, el respeto y el autocontrol son tan importantes como los conocimientos científicos, especialmente cuando se debe declarar ante un juez o responder preguntas en una audiencia.
En un viejo juicio muy conocido, un prestigioso médico de exitosa trayectoria se expresó durante una audiencia, en presencia del juez, con evidente tono de molestia:
«El médico soy yo, ya se lo expliqué.»
«¿Cuántas veces más quiere que se lo explique?»
«El que entiende de medicina soy yo.»
Fue entonces cuando el abogado del paciente respondió dirigiéndose al juez:
«Suspendamos la audiencia, Sr. Juez… llegó Dios.»
Aquellas palabras produjeron un efecto inmediato y completamente innecesario. La atención dejó de centrarse en las explicaciones técnicas del profesional para enfocarse en su actitud frente al tribunal.
En situaciones como estas, la prudencia debe prevalecer por sobre cualquier reacción emocional. El conocimiento médico nunca necesita demostrarse mediante expresiones de superioridad, sino a través de explicaciones claras, respetuosas y comprensibles para quienes no pertenecen al ámbito de la medicina.
Muchas veces, la forma en que se transmite un mensaje resulta tan importante como el contenido del propio mensaje. Una respuesta desafortunada puede generar una impresión negativa difícil de revertir, aun cuando los fundamentos científicos sean correctos.
En una audiencia, como en toda actuación profesional, el respeto, la serenidad y la humildad también forman parte de una buena defensa.